#MAL is a thematic exhibition that is a reminder of the fight between Juan Canales and Johann Channels. It is composed by the three polyptychs product of the litigation: the substantial one of the heteronyms, the variable one of  apocrypha and the small mosaic of the littledrawingsonthecouch.

All the pieces are part of the project started in 2012, an exercise of joy and resilience, where painting has been an affirmation of freedom and envy one of its engines.

Johann Channels is a heteronym, an invented literary identity, with a fascinating biography and a peculiar style. Actually, others gave him that name and it was not because of The Fame.  The artist has no personality, his taste is questionable and he is influenced by the neighborhood that witnessed his birth.

Juan Canales enjoys the relationships between image and word: metaphors that are not explicit at all, perhaps without apparent meaning. The young man practices occasional note-taking about the daily and dreamt matters that are turned into paintings: (re)presentation polyhedral and bastard  of objects and signs.

Both live on the fringe. They long for nature, its convulsive beauty and the beauty they find.  Their eyes are bigger than their mouths. They feed more with the eyes than with the mouth and what they see is what they want. They do not know that they are characters built of zeal and bewilderment.

As you see, they are the perfect dilettantes.

  • The exhibition is under  Colector, C / Trinitat, 10. 46010 Valencia. (auxiliary construction of the Convent of La Trinidad  between Pont de Fusta and Alboraia Street, towards the San Pío V Museum).
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#MAL es una exposición temáticamemoria de la pelea entre #JuanCanales y #JohannChannels, compuesta por los tres polípticos producto del litigio: el sustancial de los #heterónimos, el variable de los #apócrifos y el pequeño mosaico de los #dibujitosdesofá.
Todas las piezas forman parte del proyecto iniciado en 2012, un ejercicio de #gozo y #resiliencia, donde el pintar ha sido afirmación de libertad y la envidia uno de sus motores.

#JohannChannels es un #heterónimo, identidad literaria inventada, con biografía apasionante y estilo peculiar. En realidad otros le dieron ese nombre y no fue por La Fama. El artista no tiene personalidad, su gusto es dudoso y está condicionado por el barrio que lo vio nacer. .

#JuanCanales disfruta de las relaciones entre la imagen y la palabra, las metáforas nada explícitas, quizá sin sentido aparente. El joven practica la toma de apuntes ocasionales sobre lo #cotidiano y #ensoñado que convierte en pintura: (re)presentación poliédrica y bastarda de objetos y signos.

#Ambos viven en la periferia. Añoran la naturaleza y su belleza convulsa, encontrada. Se alimentan más con los ojos que con la boca y lo que ven es lo que quieren. No saben que son personajes construidos de ardor y desconcierto.
Ya ven, son los perfectos #diletantes. .

#MAL #juancanaleshidalgo #johannchannels #contemporaryartist #contemporartpainting #pinturacontemporanea

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No he de callar por más que con el dedo,
ya tocando la boca o ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo.

¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?

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Hoy, sin miedo que, libre, escandalice,
puede hablar el ingenio, asegurado
de que mayor poder le atemorice.

En otros siglos pudo ser pecado
severo estudio y la verdad desnuda,
y romper el silencio el bien hablado.

Pues sepa quien lo niega, y quien lo duda,
que es lengua la verdad de Dios severo,
y la lengua de Dios nunca fue muda.

Son la verdad y Dios, Dios verdadero,
ni eternidad divina los separa,
ni de los dos alguno fue primero.

Si Dios a la verdad se adelantara,
siendo verdad, implicación hubiera
en ser, y en que verdad de ser dejara.

 

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el tiempo

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el arte, la vida

 

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el frío

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la suculenta

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lo imposible

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la fuerza

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la montaña

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lo atado

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el muñeco

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Le Bousquet, France, août 2011

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el monedero

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Mar

tanto te quiero

Azul obscuro casi negro

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CABALLO

perdido in albis…

 

La justicia de Dios es verdadera,
y la misericordia, y todo cuanto
es Dios, todo ha de ser verdad entera.

Señor Excelentísimo, mi llanto
ya no consiente márgenes ni orillas:
inundación será la de mi canto.

Ya sumergirse miro mis mejillas,
la vista por dos urnas derramada
sobre las aras de las dos Castillas.

Yace aquella virtud desaliñada,
que fue, si rica menos, más temida,
en vanidad y en sueño sepultada.

Y aquella libertad esclarecida,
que en donde supo hallar honrada muerte,
nunca quiso tener más larga vida.

Y pródiga de l’alma, nación fuerte,
contaba, por afrentas de los años,
envejecer en brazos de la suerte.

Del tiempo el ocio torpe, y los engaños
del paso de las horas y del día,
reputaban los nuestros por extraños.

Nadie contaba cuánta edad vivía,
sino de qué manera: ni aun un’hora
lograba sin afán su valentía.

La robusta virtud era señora,
y sola dominaba al pueblo rudo;
edad, si mal hablada, vencedora.

El temor de la mano daba escudo
al corazón, que, en ella confiado,
todas las armas despreció desnudo.

Multiplicó en escuadras un soldado
su honor precioso, su ánimo valiente,
de sola honesta obligación armado.

Y debajo del cielo, aquella gente,
si no a más descansado, a más honroso
sueño entregó los ojos, no la mente.

Hilaba la mujer para su esposo
la mortaja, primero que el vestido;
menos le vio galán que peligroso.

Acompañaba el lado del marido
más veces en la hueste que en la cama;
sano le aventuró, vengóle herido.

Todas matronas, y ninguna dama:
que nombres del halago cortesano
no admitió lo severo de su fama.

Derramado y sonoro el Oceano
era divorcio de las rubias minas
que usurparon la paz del pecho humano.

Ni los trujo costumbres peregrinas
el áspero dinero, ni el Oriente
compró la honestidad con piedras finas.

Joya fue la virtud pura y ardiente;
gala el merecimiento y alabanza;
sólo se cudiciaba lo decente.

No de la pluma dependió la lanza,
ni el cántabro con cajas y tinteros
hizo el campo heredad, sino matanza.

Y España, con legítimos dineros,
no mendigando el crédito a Liguria,
más quiso los turbantes que los ceros.

Menos fuera la pérdida y la injuria,
si se volvieran Muzas los asientos;
que esta usura es peor que aquella furia.

Caducaban las aves en los vientos,
y expiraba decrépito el venado:
grande vejez duró en los elementos.

Que el vientre entonces bien diciplinado
buscó satisfación, y no hartura,
y estaba la garganta sin pecado.

Del mayor infanzón de aquella pura
república de grandes hombres, era
una vaca sustento y armadura.

No había venido al gusto lisonjera
la pimienta arrugada, ni del clavo
la adulación fragrante forastera.

Carnero y vaca fue principio y cabo,
Y con rojos pimientos, y ajos duros,
tan bien como el señor, comió el esclavo.

Bebió la sed los arroyuelos puros;
de pués mostraron del carchesio a Baco
el camino los brindis mal seguros.

El rostro macilento, el cuerpo flaco
eran recuerdo del trabajo honroso,
y honra y provecho andaban en un saco.

Pudo sin miedo un español velloso
llamar a los tudescos bacchanales,
y al holandés, hereje y alevoso.

Pudo acusar los celos desiguales
a la Italia; pero hoy, de muchos modos,
somos copias, si son originales.

Las descendencias gastan muchos godos,
todos blasonan, nadie los imita:
y no son sucesores, sino apodos.

Vino el betún precioso que vomita
la ballena, o la espuma de las olas,
que el vicio, no el olor, nos acredita.

Y quedaron las huestes españolas
bien perfumadas, pero mal regidas,
y alhajas las que fueron pieles solas.

Estaban las hazañas mal vestidas,
y aún no se hartaba de buriel y lana
la vanidad de fembras presumidas.

A la seda pomposa siciliana,
que manchó ardiente múrice, el romano
y el oro hicieron áspera y tirana.

Nunca al duro español supo el gusano
persuadir que vistiese su mortaja,
intercediendo el Can por el verano.

Hoy desprecia el honor al que trabaja,
y entonces fue el trabajo ejecutoria,
y el vicio gradüó la gente baja.

Pretende el alentado joven gloria
por dejar la vacada sin marido,
y de Ceres ofende la memoria.

Un animal a la labor nacido,
y símbolo celoso a los mortales,
que a Jove fue disfraz, y fue vestido;

que un tiempo endureció manos reales,
y detrás de él los cónsules gimieron,
y rumia luz en campos celestiales,

¿por cuál enemistad se persuadieron
a que su apocamiento fuese hazaña,
y a las mieses tan grande ofensa hicieron?

¡Qué cosa es ver un infanzón de España
abreviado en la silla a la jineta,
y gastar un caballo en una caña!

Que la niñez al gallo le acometa
con semejante munición apruebo;
mas no la edad madura y la perfeta.

Ejercite sus fuerzas el mancebo
en frentes de escuadrones; no en la frente
del útil bruto l’asta del acebo.

El trompeta le llame diligente,
dando fuerza de ley el viento vano,
y al son esté el ejército obediente.

¡Con cuánta majestad llena la mano
la pica, y el mosquete carga el hombro,
del que se atreve a ser buen castellano!

Con asco, entre las otras gentes, nombro
al que de su persona, sin decoro,
más quiere nota dar, que dar asombro.

Jineta y cañas son contagio moro;
restitúyanse justas y torneos,
y hagan paces las capas con el toro.

Pasadnos vos de juegos a trofeos,
que sólo grande rey y buen privado
pueden ejecutar estos deseos.

Vos, que hacéis repetir siglo pasado,
con desembarazarnos las personas
y sacar a los miembros de cuidado;

vos distes libertad con las valonas,
para que sean corteses las cabezas,
desnudando el enfado a las coronas.

Y pues vos enmendastes las cortezas,
dad a la mejor parte medicina:
vuélvanse los tablados fortalezas.

Que la cortés estrella, que os inclina
a privar sin intento y sin venganza,
milagro que a la invidia desatina,

tiene por sola bienaventuranza
el reconocimiento temeroso,
no presumida y ciega confianza.

Y si os dio el ascendiente generoso
escudos, de armas y blasones llenos,
y por timbre el martirio glorïoso,

mejores sean por vos los que eran buenos
Guzmanes, y la cumbre desdeñosa
os muestre, a su pesar, campos serenos.

Lograd, señor, edad tan venturosa;
y cuando nuestras fuerzas examina
persecución unida y belicosa,

la militar valiente disciplina
tenga más platicantes que la plaza:
descansen tela falsa y tela fina.

Suceda a la marlota la coraza,
y si el Corpus con danzas no los pide,
velillos y oropel no hagan baza.

El que en treinta lacayos los divide,
hace suerte en el toro, y con un dedo
la hace en él la vara que los mide.

Mandadlo así, que aseguraros puedo
que habéis de restaurar más que Pelayo;
pues valdrá por ejércitos el miedo,
y os verá el cielo administrar su rayo.

Don Francisco de Quevedo

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“El diagnóstico de los males es fácil; la cura difícil.

Pero en el fondo existe el deseo de mantener la ciudad

como centro social que permita integrar los barrios

y mantener la continuidad histórica.

La ville est morte: vive la ville!”.

HELEN ROSNEAU[1]

 

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La imagen de Valencia puede construirse con el aporte de miles de escenas individuales, recordadas por sus habitantes, o quizás, con una serie limitada de representaciones públicas, casi siempre alimentadas por sus gobernantes. El profesor Kevin Lynch[2] definió los elementos que conforman la imagen de una ciudad y facilitan su legibilidad, o mejor dicho su visibilidad, para dibujar un hipotético mapa mental de la misma: la existencia de imágenes colectivas facilita al ciudadano la interacción con su entorno urbano.

Cuando se visualiza una urbe poco conocida, simplificamos su forma según la topografía; intuitivamente dividimos el espacio en grandes áreas y las atravesamos por sendas, esos conductos que representan las avenidas, las calles, el río o las vías del tren… Desde las sendas es relativamente placentero observar e identificar los distintos barrios de la ciudad.

 

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El Carmen fue nuestro conjunto de calles exploradas y conocidas durante los años que van de la adolescencia a la juventud, el ambiente propicio para la deriva, el rincón asociado al amor y la pintura. Iniciamos la senda y activamos la memoria en la calle Caballeros, que enlaza las salidas del tráfico rodado del Barrio con el resto de la ciudad; en su traza original conducía hasta Castilla a través de la calle Quart. Esta senda también cumple la función de borde al suturar dos distritos separados administrativamente, el Districte del Mercat y el Districte del Carme.

La cota se eleva cuando asoma el Tros-Alt, huele a horno de leña, y se percibe la sensación de límite. El escenario de la Plaza del Tossal desciende en su vertiente izquierda, por la calle Bolsería, como los callejones y plazuelas adyacentes: del Esparto, del Horno de San Nicolás, o del Marqués de Busianos, declive que favorece el desplazamiento hacia ese otro ambiente creado por el Mercado Central.

Las calles Alta y Baja son ejes internos del Barrio, sendas transversales que confluyen en el nodo de las plazas de San Jaime y del Tossal, epítome del Carmen contemporáneo; si bien, en toda la topografía del mismo persisten las huellas de la emoción.

Las callejas de la mancebía musulmana se despliegan en dédalo desde las Torres de Quart, contenidas por la ronda interior de Guillén de Castro y el borde del antiguo cauce del Turia; entre ellas se descubría pintado El somni de la meua represió, siempre poesía y roce de cuerpos en Capsa 13, el tugurio desaparecido de la calle Ripalda.

El pretil del río nos guía hasta las Torres de los Serranos; entre sus portones arranca la otra senda que cierra los bordes, la calle Serranos: ella canaliza con sentido único el tráfico al corazón de la ciudad. Tradicionalmente fue ruta de doble comunicación hacia Sagunto, Liria y la Serranía. No es casualidad que la mayoría de los límites enunciados coincidan con la destruida muralla del siglo XI[3].

La impronta del pasado musulmán se manifiesta en la topografía del Barrio, ejemplo de ello son los atzucats o callizos cerrados: paralelos entre sí, la calle Cañete sin salida, Pinzón y el ya abierto callejón de la Virgen de la Misericordia, el de Lusitanos, Corredores, del Mirto o Gutenberg, sede de Carme Teatre y de algún heroico estudio compartido.

El fotógrafo José García Poveda[4], El Flaco, recopiló al menos veintitrés años de pintadas sobre las paredes del Barrio del Carmen, entre otros lugares estratégicos de Valencia, por su alta visibilidad. Su aportación ayudó a fijar la memoria colectiva y recordarnos la tradición del muro como espacio de expresión y comunicación no oficial, clandestino o marginal. Su selección concluía con fotografías de plantillas realizadas en 2003: los llamados stencils en las publicaciones sobre Urban Art. El Flaco colecciona las escrituras de otros con imágenes cercanas a la crónica y positivadas en blanco y negro; continúa la tradición del fotoperiodismo más crítico e irónico, aquel que reivindica la dignidad urbana, como aseveraba el escritor Alfons Cervera en el prólogo al citado libro: “La poética de la escritura sobre el muro violenta los códigos del consenso y se cuela como un trallazo en la tranquila duermevela de un vecindario tumbado a la bartola.”[5]

Es fácil reconocer en sus imágenes los mismos espacios públicos, las paredes y las esquinas de las mismas sendas, que desde los años setenta del pasado siglo han sido escogidas como soporte de protestas y marco de intervenciones más o menos efímeras, decorativas o inapropiadas. Algunas fotografías registran dónde se pegaron carteles electorales y cómo sobre ellos se superpusieron palabras, plantillas y ahora graffiti; otras imágenes permiten recordar los trampantojos pintados por los alumnos de San Carlos, cuando la Escuela era tejido social y cultural del Barrio[6]. Pues no debemos olvidar que la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos se ubicó en el antiguo Convento del Carmen de la calle Museo. Y no viene mal recordar que el último ejercicio del segundo curso de Pintura[7] consistía, año tras año, en proyectar y pintar murales en la calle, ocupando paulatinamente todas las paredes del Barrio.

En la actualidad, el espacio público del centro histórico de Valencia continúa muy disputado: los artistas y los poetas urbanos invariablemente necesitan la calle para comunicar con urgencia palabras e imágenes, ya sea en El Carmen o en los barrios limítrofes. Sobre el mismo muro de la calle Baja donde pinta la voluptuosa crew[8] XLF, un anónimo escribió en 1992, Volem figa: aquella pintada resumía los anhelos más plurales y menos interclasistas. Nunca dos palabras concentraron tanta necesidad[9].

Los poetas canallas tenían su rincón en la calle Raga[10]; las escrituras de sus versos se superponían como palimpsestos en el muro corrido, aún pudimos releerlos en 1988, vehementes y apasionados. La calle recta y estrecha ya no existe entera, seccionada por una plaza dura construida a principios de los noventa.

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El huerto del Palacio de Francisco Martínez de la Raga lindaba con esta larga calleja y una altísima tapia lo cerraba. El magnolio que asoma por la pared del huerto permanece frondoso, robando luz al asfalto y a las casas populares de cuatro alturas, de escaleta, a dos metros y medio escasos del frente del muro. Desde el desaparecido cuarto piso del número cinco puerta seis, por el balcón del comedor, podían cogerse las hojas del árbol con la mano.

Joaquín, el vecino, contaba por las mañanas, balcón con ventana, lo ajetreada que había sido la noche, otra vez saltando y chillando los chimpancés, dale que te pego de las ramas a la barandilla del balcón, como para romperle los cristales y despertarlo.

Joaquín era una persona atildada y sumamente sensible, que vivía de rentas, escritor y con dos carreras: se emborrachaba a partir de las seis hasta la hora de cierre en el Bruma, junto a L’Aplec, antes de llegar a la Plaza del Árbol. A veces comía en el Cartxofa y a veces en Can Bermell.

Menos el extraño vecino, el joven escultor del plástico, ubicado en la planta baja, y nosotros, adolescentes que pintábamos en el cuarto piso, todos los inquilinos, escrupulosamente decentes, pasaban de la cincuentena y ocupaban su piso desde hacía más de cuarenta años. Todos fueron forzosamente expropiados, desalojados y reubicados en residencias, sanatorios o casas de familiares, sin poder recoger sus pertenencias, por una ruina inminente que nunca se produjo. El palacio de Raga se reconvirtió, afortunadamente, en residencia para la tercera edad. En los alrededores se han construido algunas viviendas de protección oficial y otras de renta libre sospechosamente vacías.

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A vista de pájaro este plano radial rellena sus huecos con tramas más complejas de callejas que se arraciman alrededor de plazuelas: las de planta triangular como la del Árbol y del Ángel; otras con un trazado más cuadrangular, las de Mosén Sorell, Santa Cruz y del Carmen; o algo más irregulares como las plazas de los Navarros y de Beneyto y Coll; cada día con menos almas en su interior, pese a las campañas de promoción de la vivienda joven por parte del Ayuntamiento. Al hilo de lo dicho nos vienen a la memoria las notas firmadas por Domingo Mestre[11] respecto a otra controvertida campaña del Consistorio: la del repinte en color gris desde marzo de 2006 de las tapias que ocultan solares en el Barrio del Carmen y que permanecían cubiertas de graffiti.

El renacer del Barrio, de nuevo se abren tiendas en los bordes y ejes internos aunque no tantas como en Russafa, tiene al graffiti como telón de fondo: éste ha devenido manifestación visual de un movimiento social y cultural alternativo que nace y sobrevive, más o menos estructurado, en la calle. Las últimas reflexiones de Fernando Figueroa Saavedra[12] lo aglutinan, producto de la globalización, alrededor del Graffiti Movement.

Durante los años que han transcurrido de esta década, hemos asistido, inconscientes o estupefactos, a la implantación de Internet como medio de comunicación accesible y democrático; a la familiaridad con las herramientas de edición y manipulación de imágenes digitales; a las nuevas estrategias de intervención en el espacio público, aviesamente explotadas por la publicidad exterior… son estos algunos de los factores trabajados por la heterodoxia de un movimiento –asimilado el wild style[13], aunque perduren crews con el estilo de la vieja escuela- que perpetúa el uso de la calle como origen y sentido de sus actos. Y lo mejor está siempre por llegar, imbuido o no de la subcultura Hip Hop, el centro histórico de Valencia es un catálogo de todo tipo agresiones estéticas si observamos los solares, texturas, tapias, paredes medianeras, zapatillas, persianas, pegatinas, imbornales, puertas, ventanas, tapas de alcantarilla, tatuajes, esquinas, rótulos, camisetas, papeleras y demás bienes en metamorfosis perpetua.

Transitamos por el antiguo barrio de obradores: desde la calle Raga por Santo Tomás a la Plaza del Árbol; respirar un momento junto al álamo, recuerda que son escasos, casi inexistentes, los espacios verdes de dominio público: al costado de la Plaza del Carmen se aprovecharon los solares creados por demoliciones de casonas para construir un jardincillo. Las murallas dejaron entre las torres de Quart y la calle de la Corona, un ensanche recuperado para el paseo y los árboles ornamentales. Por otro lado, entre el tráfico denso de automóviles en Blanquerías y el murete del cauce, se urbanizaron las Alameditas de Serranos. Algo similar sucedió con el ajardinamiento entre las calles de Beltrán Bigorra y Vicente Iborra, junto a la fachada lateral del templo de la Virgen del Puig. Conocemos la existencia de algún macetero, palmera o magnolio solitario que no hacen más que corroborar la carestía. Si la proximidad del Jardín del Turia justifica la ausencia de verde, se olvida que los huertos, jardines y patios –con frutales, palmeras datileras, ficus, fresnos, chopos y jazmines- completaban la trama y urdimbre del arrabal: hecho que pone de relieve la existencia de otra Valencia rodeada de huertas que constituían su identidad.

Tenemos varias opciones para completar nuestra senda y volver al inicio en Serranos: desde la Plaza del Carmen por Roteros o Padre Huérfanos y Blanquerías, o desandando por la calle Museo hasta Salvador Giner y la Plaza del Portal Nou, si el tiempo no acucia y el cielo abierto nos agrada. Deseamos concluir la senda antes de que cierre el Horno de la calle Serranos, comprar un hojaldre de milhojas con crema pastelera y corteza de chocolate negro pintado con blanco, y comérnoslo mientras caminamos en dirección a la Plaza de Cisneros. Allí prosigue el amor y la pintura, pero ese ya es otro Barrio, otras gentes y otras historias, que por ahora, no forman parte de las páginas de nuestro proyecto.

Juan Canales, noviembre 2006.

[1] ROSNEAU, H., La ciudad ideal, Madrid, Alianza, 1999, p. 185.

[2] LYNCH, K., La imagen de la ciudad, Barcelona, GG Reprints, 2000, pp. 64 y ss.: “Los barrios están estructurados con nodos, definidos por bordes, atravesados por sendas y regados de mojones”.

[3] BARCELÓ TORRES, C., “Valencia islámica: paisaje y espacio urbano”, en AA. VV., Historia de la ciudad. Recorrido histórico por la arquitectura y el urbanismo de la ciudad de Valencia. Valencia, ICARO- Colegio Oficial de Arquitectos de la Comunidad Valenciana, 2000, pp. 40 y ss.

[4] GARCÍA POVEDA, J., Pintadas 80, 90, 00, Valencia, Editorial de la Universidad Politécnica de Valencia, 2006. Editada esta obra por el Vicerrectorado de Cultura de la UPV compila una selección de pintadas realizadas en la ciudad de Valencia desde 1980 hasta el año 2003. Una curiosidad, en la página 31 aparece el detalle de una plantilla política (FELIPE, OTAN TU? TURURÚ!), que se superpone, nos consta, a una pintura mural realizada por los alumnos de la Facultad de Bellas Artes de San Carlos, un Citroën 2 CV de 1984, en la calle Corona. ¿Alguien recuerda a los autores? Gracias por la información a juacahi@pin.upv.es.

[5] CERVERA, A., “Prólogo”, íd., p. 5.

[6] SANTOS LUCAS, J. L., Nacimiento de una Universidad. Algunos recuerdos, Valencia, Servicio de Publicaciones de la Universidad Politécnica de Valencia, 1993. En “El viejo edificio de la calle Museo”, pp. 243 y ss., se recuerda con detalle y cariño aquel contexto.

[7] Por entonces, la asignatura de Tecnología del Color estaba impartida por Antonio Pérez Pineda y José Gabriel Palomar Aparicio; los murales se pintaron entre 1979 y el traslado definitivo al nuevo edificio del campus de Vera durante el curso 1984- 1985, ya transformada en Facultad e integrada en la Universidad Politécnica de Valencia por el Real Decreto 988 de 1978.

[8] Crew: tripulación, banda, enjambre figurado o pandilla de amigos que se reúne, en esta caso para pintar: Cesp, Deih, End, Escif, Gons, Julieta , Punto, Tecolote y Xelón, o los miembros del colectivo Respeto Total, con el Señor Marmota al frente, han pintado graffiti mural durante los últimos años en El Carme y Velluters, su territorio inicial que ya abarca medio mundo.

 [9] JARDÍ, M. S., “La ciudad tomada y el sexo bien, gracias” en GARCÍA POVEDA, J., op. cit., p. 57.

[10]Tenemos conocimiento, gracias a Miguel Molina, de la publicación de un texto y fotografía alusiva, un detalle de los renglones torcidos del poeta, sobre este mito local, “La Calle de los Poetas” o calle Raga, en AA. VV., El Día de la Foto, Valencia, Amigos de El Día de la Foto, 1994, pp. 24 y 25. Foto de Mateo Gamón, poema anónimo. Texto de RODRÍGUEZ, M. (Equipo Lo Otro); la historia quizás resulte familiar: la brigada de obras del Ayuntamiento de Valencia inició en 1994 el repintado sistemático, en blanco, para tapar los poemas del muro, el texto Mar Rodríguez invitaba al vecindario a continuar escribiendo poemas sobre la tapia, como acto de libre expresión.

[11] Las notas sobre arte, cultura y contracultura pública en la ciudad de Valencia fueron leídas durante la presentación del número siete de la revista cultural Mono, dedicado al tema “En las ciudades”, el miércoles 26 de marzo de 2006. Pueden descargarse en:

http://www.e-valencia.org/index.php?name=News&file=article&sid=8548.

También existe al respecto de los repintes y el comunicado, La historia de abajo los grises en:

http://www.barriodelcarmen.net/lalupa/?p=159

[12] FIGUEROA SAAVEDRA, F., Graphitfragen: una mirada reflexiva sobre el Graffiti, Madrid, Anejos de Cuadernos del Minotauro, Ediciones Minotauro Digital, 2006, p. 69: “… el mundo del graffiti desde su comportamiento colectivo se presenta como una communitas normativa y un mundo autocontenido o una región moral donde caben toda una serie de actitudes: el juego, el rito, lo espiritual, lo deportivo, el compromiso, la aventura, el idealismo, etc., hasta su concepción como una forma o filosofía de vida o su implicación en una determinada postura o proyecto ideológico y donde la intencionalidad artística o poética, en un estado protoacadémico, se congracia con la conducta delictiva desde lo lúdico, lo vitalista y lo sociopolítico”.

[13] DE DIEGO, J., Graffiti. La palabra y la imagen, Barcelona, Papeles de Ensayo/9, Los libros de la Frontera, 2000, pp. 92 y ss. “Wildstyle es una complicada composición de letras que se entrelazan continuamente en estructuras muy sofisticadas y de difícil ejecución. Conceptualmente obedece a una intención de manifestación soterrada del grupo y de la identidad individual. Por otro lado conforma una labor deconstructiva inteligente, en la que la descomposición de los rasgos formales del tag aparece como un proceso complejo de desvinculación y disgregación … los trazos complejos y entrelazados del wildstyle poseen una correspondencia casi directa con el discurso formal que constituyen los textos de la música rap... Las palabras giran, se retuercen, van hacia atrás y vuelven haciendo rimas.”.

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Juan Canales

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Me fascina como llaman los angloparlantes a la “naturaleza muerta”; el resto de géneros pictóricos se nombran de forma similar y no varían su significado: retrato, figura, paisaje, bodegón… pero aquí es paradójico, en la naturaleza muerta lo que se representa ya ha concluido su ciclo vital, o casi; el “todavía vida/ detenida vida” resulta esperanzador, vida al fin y al cabo, conmueve, pese a que está muriendo o muerta casi, naturaleza. Justo desde que nacemos.

varadoLa imagen original ya tiene algunos años; es una fotografía de agosto de 1996, en la playa de Hendaya. Por aquel entonces estaba en Arteleku, Donostia- San Sebastián, allí aprendí que así se escribía; también algunas cosas, estrategias, sobre mi forma de relacionarme con desconocidos; a la vuelta de aquella estancia de un mes, empecé a vivir en UN piso de la avenida Gregorio Gea de Mislata, mitad despacho de Culturama mitad mi casa.

“Varado (tronco)” es ahora pintura, óleo sobre lino puro, aparejado con cola de conejo, y también puede ser cierta metáfora de un estado de ánimo, de un cambio, de una metamorfosis…quizás para el nuevo año, al fin y al cabo es una pieza que empecé y terminé rápida esta misma mañana.

Mural Lavadero Bèlgida

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Estado del lavadero público de Bèlgida antes de la intervención.

Project

Arriba una simulación digital de cómo quedará, fue el boceto presentado al Ayuntamiento, una vez preparado el soporte por la empresa Aralia, filial de José Antonio García especializada en restauración de fachadas.

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Imagen del último día. La técnica aplicada son veladuras de pintura al silicato Caparol. Dudo de su permanencia por los problemas de adherencia (pulverulencias) de los morteros del soporte.

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Boceto para el interior, con el perfil topográfico del Benicadell.

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“Aigua bona del Benicadell” es el lema; de esa sierra proviene el agua del lavadero, también la vida y los colores de la comarca, reflejados en el exterior de la construcción. El interior me recordaba a una capilla, fresca y oscura, así debe seguir.

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Sin Carlos Domingo, Nicolás Munuera, Álvaro Jaen, Diana Lozano, Juan Peiró y Ñaja hubiera sido imposible empezar y terminar aquello. ¡Ah! Y sin Rafael y Mar Canales Soto, nuestros hijos.

In Gods we trust

Topography and desire
OBJETIVOS OPERATIVOS PARA HOY

Pintar con texturas satinadas, opacas o aterciopeladas.

Superponer capas de pintura, estratos para asociar a la memoria y a su reconstrucción.

Pensar en el olvido, mórbido, incontrolable, lechoso…que anula cualquier posibilidad de elección: podemos pasar de la desesperación al alivio indistintamente, inútilmente, pues antes ya alteró el recuerdo nuestra imagen.

Erosionar con máquinas el soporte, con depresiones de cien milímetros de profundidad; desde el automatismo psíquico puro al más absorbente juego, distraído y concéntrico, hasta que pare la música, por ejemplo.

Presentar, así, superficies holladas, mancilladas, con el aspecto que sobre ellas algo ha pasado.

Invitarle a un recorrido visual topográfico, táctil y preferentemente pausado, cercano, con el aliento empañando la superficie del temple.

Como ese agujero en el techo que confundo con el hueso cojo del esternón.

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